Javier Sordo Madaleno

L I F E S T Y L E • A R T E Real Estate Market | 207 No sólo tuvo que pintar un retrato de José Bonaparte, sino que la terrible crudeza de la contienda queda patente en una segun- da serie de aguafuertes titulada Los desastres de la guerra . Finalmente, Fernando VII re- gresa al trono en 1814, siendo peor el re- medio que la enfermedad, pues su reinado será absolutista y represivo. De este año son dos de sus obras más conocidas: El dos de mayo y los Fusilamientos de la Moncloa . En el segundo se reduce el color a su mínima expresión: el gris de los soldados, el negro del cielo, el rojo de la sangre y la camisa blanca de la víctima principal que atrae nuestra mirada sobre el centro de horror. Estructuralmente vemos tres planos: los cadáveres, los que son fusilados y los que esperan aterrados su destino inminente. Al siguiente año el humor del artista se refle- ja en lo negro de las telas que sustituye al rosado habitual. Trabaja en su tercera serie de grabados, La tauromaquia , aunque no lle- gará a la imprenta sino luego de varios años después de su muerte. El dominio del dibujo, el uso de masas informes y los con- trastes expresionistas muestran a un artis- ta que se abre hacia lo moderno como nin- gún otro contemporáneo. Trabaja mucho con espátula, o con cañas hendias que per- miten un trazo gráfico y de textura muy diferente a la del pincel o la brocha. Desde 1819 se inicia la última etapa en la vida ar- tística de Goya, tiene por ese entonces 73 años y pese a su sordera y otros achaques propios de la edad no se limita lo más mí- nimo su capacidad expresiva. Adquiere en las afueras de Madrid una casa de campo que será conocida como “La quinta del sordo”, e ideará una serie de obras para de- corar sus paredes; estas “pinturas negras” serán resumen y colofón de su trabajo, obras hechas enteramente a su gusto, para La maja desnuda 1803-1806 Óleo sobre tela 97 X 190 Museo del Prado, Madrid sí mismo, donde todos sus fantasmas e in- quietudes surgen, un arte enteramente mo- derno, sin concesiones, donde el “capricho y la invención” no encontrarán límites en estas obras monumentales terribles y tene- brosas. Son 14 composiciones que describen con expresionismo y gesto suelto, entre ellas destaca la temible Saturno devorando a sus hijos de la que la censura posterior eliminó un os- tensible pene erecto. Curiosamente, Goya logró en la última etapa de la vida sus obras más notables, llenas de libertad y re- cursos plásticos. Tras esta breve época Go- ya se va al exilio, la España absolutista re- sultaba intolerable para un artista ya ancia- no pero comprometido con el liberalismo y de ideas progresistas; primero está en Burdeos, luego en París, pero resulta de- masiado duro para un hombre cercano a los 80 años. Hacia 1826 regresa a España para obtener su jubilación como artista de la Corte. La noche del 15 de abril fallece en Burdeos, donde es enterrado. En una de sus últimas obras la llamada Lechera de Burdeos la claridad parece regresar a su obra, no había perdido un ápice de su fuer- za, como escribía su gran amigo el escritor Moratín: Goya está muy arrogantillo y pinta que se las pela, sin corregir jamás nada de lo que pin- ta . Pasarán casi cien años para que sus res- tos regresen a España. Siempre gran artista, es a veces aterrador. Une a la alegría, la jovialidad, a la sátira española del buen tiempo de Cervantes, un espíritu moderno: el amor de lo inexpresable, de los contrastes violentos, de los espantos de la naturaleza y de las fisonomías humanas extrañamente animalizadas. Su gran mé- rito consiste en crear lo monstruoso verosímil y nadie ha osado más en el sentido de lo absurdo posible. Esas contorsiones, esas jetas bestiales, esas muecas diabólicas están penetradas de humanidad. Es im- posible advertir en su obra la línea de sutura, el lu- gar de enlace entre lo real y lo fantástico; hay en ella una frontera imprecisa que el analista más sutil no lograría trazar, a tal punto el arte es trascendente y natural a la vez. Charles Baudelaire RE

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