Carlos Slim
L I F E S T Y L E • A R T E ¡ Vengan, pues, los buenos, los buenos incendiarios de dedos tiznados!.. ¡Aquí están! ¡Aquí están! ¡Arrojad pues al fuego los estantes de las bibliotecas! ¡Desviad el curso de los canales para inun- dar las cuevas de los museos..! ¡Oh, que floten al garete los lienzos glorio- sos! ¡Blandid picos y martillos! ¡Socavad los cimientos de las ciudades ve- nerables! Estos exabruptos tienen cien años, el 20 de febrero de 1909 se publicaron en el pe- riódico francés Le Fígaro bajo el título de “Manifiesto del futurismo”, de F.T. Marinetti. En su primer epígrafe se leía: “Queremos cantar el amor al peligro, el há- bito de la energía y de la temeridad”. Ahí empieza lo que podemos considerar el van- guardismo histórico, aquellos tiempos de revoluciones y guerras en que los artistas creían que podían cambiar el mundo. Ha transcurrido un siglo desde que los ismos se desplegaron en la historia moderna como un delirio de creatividad, el verdadero la- boratorio de arte, luchando, muchas veces unos contra otros, por aportar algo siempre nuevo, confiando en la lógica del progreso. Cien años después sabemos a qué con- duce esa lógica, la novedad es un mecanismo afinado para que todo quede igual, el arte no transforma la realidad, más bien la realidad del arte se ha visto transformada por el mer- cado, por el comercio de lo artístico. Qué po- co queda de aquellos gestos desenfadados de los vanguardistas, ese afán de cambiar la re- alidad inmediata con provocaciones y mu- chas veces desatinos: “Sabedlo, pues: para 204 | Real Estate Market ( Portadilla ) Guerra (1915) de Gino Severino Óleo sobre lienzo, 93 x 73 cm Colección Joseph Slifka ( En esta página ) Entierro del anarquista Galli (1911) de Carlo Carrá Óleo sobre lienzo, 185 x 269 cm Museo de Arte Moderno, Nueva York
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