Especial Acapulco

Real Estate Market | 221 L I F E S T Y L E • A R T E atentan contra el propio cuerpo y contra nuestras categorías del entendimiento. Rothko ejerce un cortocircuito a la razón. En nuestra lectura de Kant, Rothko encontró lo sublime. El infinito al que nos expone es la inconmensurable disparidad entre las magnitudes observadas y nuestro poder para aprehenderlas. Apunta el artista: “Me doy cuenta de que la función de pintar cuadros grandes ha sido, históricamente, la de pintar algo grandioso y pomposo. Sin embargo, la razón por la que yo los pinto es precisamente porque quiero ser muy intimista y humano. Pintar un cuadro pequeño es situarse fuera de la propia experiencia, contemplar dicha experiencia como una proyección estereoscópica o con una lente reductora. En cuanto pintas el cuadro más grande, te metes en él. No es algo que tú domines.” Lo primero que envuelve la pintura de Rothko es nuestro cuerpo. Sus cuadros ocupan casi la totalidad de nuestro ángulo de visión. Hay que recordar que estos cuadros no fueron pintados para presentarse idealmente en arquitecturas monumentales en las que funcionarían como pintura mural. Fueron pintados para presentarse en galerías, en espacios arquitectónicos pequeños, precisamente para lograr la sensación de intimidad y envolvimiento. Recurre formalmente a la imprecisión, al barrido de los bordes, capas delgadas de color se emborronan desmaterializando tanto las superficies como los contornos. La ilusión atmosférica de sus cuadros reforzada por los formatos ambientales nos deja frente a frente con lo absoluto de la distancia. Rectángulos cromáticos avanzan y retroceden, se materializan y se disuelven como éter teñido. Y como decisión capital en su obra se asoma levemente en sus composiciones una línea que recorre horizontal su pintura. Un acto de completa seducción, nos arroja a un adentro de la pintura exorbitado, un infinito se abre al sesgo. Esta ruptura de nuestro campo de visión ejerce una violencia infligida directamente sobre el ojo, pero sus alcances más que retinianos son corporales, atentan contra el cuerpo del espectador, contra la piel que recubre el propio adentro. Es el real lacaniano lo que emerge de esa fisura que nos sonríe. El fino dislocarse de los planos en su obra Un acto de completa seducción, nos arroja a un adentro de la pintura exorbitado, un infinito se abre al sesgo. CORTESÍA AMERICAN FEDERATION OF ARTS.

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