Especial Acapulco

222 | Real Estate Market L I F E S T Y L E • A R T E nos hace asomar como feligreses ante una potencia que se desborda a sí misma. Las posibilidades de la pintura abstracta son enormes, hay un infinito latente, un infinito triunfante. No hay telón que se levante para mostrar un escenario que está tras él. Sino que al telón le es propia la profundidad del escenario. Cuando la pintura quiere tratar la superficie como epidermis logra asomarse a profundidades insólitas. La enseñanza es que lo profundo está en la superficie. Este razonamiento llevado a otros lenguajes implicaría que lo trascendental habita en la inmanencia misma. En la superficie de las cosas, en el disfraz más anodino de la piel se encuentra la médula, la sustancia, la verdad… y ésta nos sonríe desde su mascarada. Hemos intercambiado la espacialidad arquitectónica por la profundidad metafísica, la apariencia de realidad por un real que nos inquiere. Lo no representacional cobra sus beneficios. Lo metafísico en los tiempos rotos en los que se gesta el color-field, más que al espíritu de trascendencia, al acceso señalizado de la religión institucionalizada, apela a lo íntimo, a lo propio, es tan cercano como una cosa de este mundo. Es la zona de lo sagrado emergiendo fuera del acceso institucionalizado de la religión. Lo sagrado cobra la piel de los lienzos. La apuesta de Greenberg era por la purificación de los elementos, pero lo cierto es que los trazos y las manchas de Gottlieb, los campos de color de Rothko, los deslavados de Frankenthaler, la carne de Motherwell o las pantallas de Olitski sobrepasan la teoría y se suspenden sobre una superficie purificada de antemano. La superficie misma es la zona en la que lo sagrado flota como suspendido. Y he ahí lo infinito vaciado, descombrado y puro de los confines de la pintura. Convirtiendo la pintura en un acto incondicional de revelación. RE CORTESÍA AMERICAN FEDERATION OF ARTS. (Pág. 220) Sentinel, 1951 por Adolph Gottlieb Óleo sobre lino 152.4 x 121.92 cm (Pág. anterior) Cleopatra Flesh, 1962 por Jules Olitski Polímero sintético pintado en tela 264.16 x 228.6 cm (En esta pág.) Floral V, 1959-60 por Morris Louis Acrílico y magna sobre tela 248.92 x 347.98 cm

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