Ciudad Tres Marías

Real Estate Market | 189 L I F E S T Y L E • A R T E tes sentida. “Como que me reencontré de alguna manera conmigo mismo”, eso suce- de más o menos a los 18 años de edad. Relató que cuando empezó a hacer su primera obra en óleo, sintió entrar en tran- ce y entregarse a la pintura. “No hice una obra de acuerdo con un dibujo o algo pre- establecido, lo traía en la sangre y en el al- ma, porque agarré el pincel y como si ya su- piera cómo hacerlo, como si ya tuviera años de experiencia, elaboré mi primera obra”. no encajaban en mí muchas cosas, como que estaba en otra dimensión”. Pintaba y pintaba todo el tiempo, era muy soñador desde pequeño, imaginaba cosas, por ello vivía en un mundo diferen- te a todos sus compañeros de escuela. “Vivía como en otra dimensión”. Sus cualidades artísticas propiciaron que en lugar de dar regalos físicos, realizaba dibu- jos y los obsequiaba a la gente que apreciaba. Sin duda, el arte circuló por sus venas desde muy pequeño y se fue reafirmando conforme evolucionaba su vida, a tal gra- do que al cumplir 17 años de edad, la pin- tura y la escultura le empezaron a causar una gran inquietud. “Hubo gente en mi camino que me empezó a motivar, veía mis trabajos y me decía que tenía talento, que tenía que explo- tarlo e incluso vivir de eso. Sin embargo, yo aún tenía mis dudas, pensaba que la vida no se ganaba haciendo pintura y escultura”. A diferencia de grandes artistas que es- tudian mucho o tienen grandes maestros, Ricardo Amezcua Cuspinera se dio cuenta él solo de que podría pintar cosas que ni si- quiera se imaginaba podría lograr. E L ARTE EN LA SANGRE El gusto por la creatividad proviene básicamente de su abuelo materno, que se dedicó a algunas actividades artísticas. “Ese fue mi mayor parámetro en cuestión de arte, él murió cuando yo estaba muy pequeño, fue director de arte o dibujo en Petróleos Mexicanos y en las tardes que terminaba su trabajo se dedicaba a pintar por gusto, aunque llegó a recibir ingresos de esa actividad cuando realizaba pinturas para algún conocido. Me acuerdo de niño haberlo visto pintar, pero no entendía qué era lo que hacía, me llevó tiempo hacerlo”. Reseñó que mucha gente de su familia tie- ne talento para pintar. Recordó que la herencia no fue sola- mente genética, también sus primeros pincelazos se dieron con instrumentos que heredó de su abuelo. “En un mo- mento de mi vida me llegó una paleta y una caja con pinceles de él. Aún me pre- gunto por qué llegaron a mis manos, pe- ro recuerdo que empecé a ver y a cono- cer los pinceles, entonces a parte del cariño que tenía por esa caja, porque era de mi abuelo, pensé que en algún mo- mento los podía utilizar”. Por lo mismo, cuestionamos a Ricardo Amezcua Cuspinera sobre si el artista nace o se hace y su respuesta fue contundente: “Nací así, eso es una reali- dad que no puedo explicar”. Otro momento trascendente en su vida de artista, describió, fue cuando tocó por primera vez los pinceles y empezó a pintar, donde experimentó una emoción nunca an-

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