Ciudad Tres Marías

190 | Real Estate Market L I F E S T Y L E • A R T E dentro de mi me dijera que lo que tenía que hacer era pintar y hacer arte, en ese momen- to dejé todo y me dediqué a mi pasión”. Su decisión en ese momento fue dedi- carse en cuerpo y alma a la pintura. “Voy a pintar por gusto, me voy a morir pintan- do, pero aparte lo voy a complementar con la parte económica”. No terminó la carrera y se empezó a sa- turar de trabajo artístico, es un punto impor- tante para que se saliera de la escuela. Eso sucedió como a los 21 años de edad y, por lo tanto, dejó a la mitad la carrera de arquitec- tura contando con el apoyo incondicional de su familia, encabezada por su padre. A RTE LÍRICO La historia por las aulas de Ricardo Amezcua Cuspinera no tiene nada que ver con el arte, en este sentido siempre fue nato, nunca estudió nada al respecto, lo único que hizo ya dedicado 100 por ciento al arte fue tomar algunos diploma- dos o especialización en ciertas técnicas, como teoría del color y materiales para Con las dudas naturales de un joven sobre su futuro, prosiguió su formación académica, ingresó a la carrera de Arquitectura, donde incluso llegó a hacer actividades docentes por ser el mejor de su generación, también llegó a desempeñar algunos trabajos administrativos. Sin em- bargo, al conocer ciertos profesores su gusto y habilidad por la pintura, todos coincidían en que no tenía nada que hacer ahí, que su futuro estaba en otro lado. “Un maestro me dijo sabes qué Ricardo, yo no entiendo tu vida, me que- da claro que eres una persona talentosa en tus cosas, ¿qué haces aquí?, no tienes necesidad de hacer una carrera ni nada de esto, ni siquiera te vas a dedicar a la arqui- tectura. Ahí fue cuando empecé a entender la cuestión académica, me empecé a dar cuenta que el ser humano debe estar don- de debe, debe estudiar lo que encaje con él, donde tenga más talento”. Por ello, aunque estudiaba, algo dentro de él le decía que el camino y su vida eran por otro lado. “Hasta que un día, como si alguien poder tratar todo el cuadro como debe ser, como lo hacían en antaño. “A San Carlos fui alguna vez pero no me aceptaron, tal parece que si te ven posibilidades te bloquean. Cuando vieron mis trabajos me dijeron que no era apto para la escuela”. “De alguna manera me sentí discrimi- nado, porque es una realidad, no pueden ver una persona diferente a ellos; si no tie- nes una forma de vida de bohemio, una for- ma de vestir, de ser, si te sales de ciertas ca- racterísticas te cuestionan qué haces ahí”. Sin embargo, hubo buenas personas que lo ayudaron a disipar algunas dudas que te- nía y posteriormente se dedicó 100 por cien- to a esto. “Nunca quise volver intentar a me- terme a La Esmeralda o San Carlos”. Siempre le ha gustado experimentar y comprender la materia. Por ejemplo, “si voy a hacer una pieza en barro, me intere- sa investigar desde cómo se crea y cómo se trabaja, para que de alguna manera tenga una maestría en ello, ir a fondo para que pueda controlar el material”.

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