Lejos de desplazar al nearshoring, este fenómeno apunta hacia una reconfiguración más compleja y fragmentada de los procesos productivos.
De acuerdo con Ilan Epelbaum, director general de Mail Boxes Etc en México, en el último año el reshoring ha derivado en más de 244 mil empleos anunciados en manufactura en Estados Unidos, reflejando un impulso sostenido hacia la relocalización de capacidades productivas. Sin embargo, aclara que no se trata de una sustitución del modelo vigente, sino de su evolución hacia esquemas híbridos.
Prueba de ello es que el comercio bilateral con Estados Unidos continúa en expansión: en 2025, las importaciones estadunidenses desde México superaron los 534 mil millones de dólares, mientras que más del 83% de las exportaciones mexicanas se dirigieron a ese mercado.
Al mismo tiempo, Estados Unidos ha reforzado su estrategia industrial con inversiones significativas en sectores clave, como los semiconductores, donde se han comprometido cerca de 450 mil millones de dólares. Este dinamismo no debilita la integración regional, sino que la reconfigura bajo esquemas más sofisticados.
Bajo este contexto, la logística adquiere un papel estratégico. La fragmentación de las cadenas de suministro implica un mayor número de cruces fronterizos, incremento en el flujo de bienes intermedios y una creciente necesidad de coordinación entre los distintos actores involucrados.
Para las empresas, este escenario representa retos operativos relevantes: presión sobre tiempos de entrega, necesidad de visibilidad en tiempo real, optimización constante de rutas y costos, así como una mayor dependencia de operadores logísticos capaces de adaptarse a entornos dinámicos.
Así, el reshoring marca el inicio de una nueva etapa para México, en la que la competitividad no solo estará determinada por su capacidad productiva, sino por la eficiencia con la que se conectan, movilizan y entregan los bienes dentro de una cadena cada vez más exigente.