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Cuatro ciudades reducen riesgos climáticos y de salud con soluciones urbanas que mejoran aire, temperatura y calidad de vida.

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Las ciudades albergan al 56% de la población mundial y generan el 80% del PIB global. Sin embargo, el 83% reporta una gran vulnerabilidad a los riesgos climáticos, con las inundaciones (58%) y el calor extremo (54%) a la cabeza de la lista.

 

A medida que se acelera la urbanización, el aumento de las temperaturas amenaza no solo la salud pública, sino también los medios de subsistencia, la productividad y el crecimiento económico. Algunas ciudades están convirtiendo los riesgos climáticos para la salud en bancos de pruebas para soluciones rentables que funcionen a gran escala.

 

El Foro Económico Mundial presenta cuatro lecciones de ciudades líderes en resiliencia climática y sanitaria urbana.

  • Londres, Inglaterra. Las zonas de bajas y ultrabajas emisiones de Londres se crearon para reducir la contaminación que contribuye al calentamiento global procedente del tráfico y mejorar la calidad del aire en el centro y el interior de Londres.

En conjunto, han contribuido a retirar de la circulación los vehículos altamente contaminantes, lo que ha conllevado una disminución del 9% en los ingresos hospitalarios de urgencia por problemas cardiovasculares, una disminución del 10.2% en los problemas respiratorios y una reducción del 18.5% en las bajas por enfermedad.

Y en total, estas políticas han generado ahorros en productividad y salud de más de 49 millones de dólares (md) anuales, en comparación con las zonas de Inglaterra que no cuentan con zonas de bajas emisiones.

  • Filadelfia, Estados Unidos. Demostró cómo las soluciones para la resiliencia ante inundaciones pueden convertir las vulnerabilidades climáticas en crecimiento económico.

A través de su programa "Ciudad verde, aguas limpias", con una duración de 25 años y que se extenderá hasta 2036, la ciudad ya ha instalado jardines de lluvia, cunetas vegetadas y pavimentos permeables que desvían 11.3 mil millones de litros de agua de lluvia al año, enfrían las calles cercanas hasta 5°C en las noches calurosas y filtran los contaminantes que alimentan las enfermedades respiratorias durante los episodios de calor húmedo combinado.

 

Además, el programa está en camino de reducir la contaminación que llega a los ríos Delaware y Schuylkill, las principales fuentes de agua potable de Filadelfia, en más de 7.5 mil millones de litros anuales, lo que reduce directamente los riesgos para la salud transmitidos por el agua para los 1.5 millones de residentes de la ciudad.

 

  • Ahmedabad, India. Demostró que es posible prevenir el calor de forma rentable. En 2013 puso en marcha su Plan de Acción contra el Calor para proteger a residentes y trabajadores del calor extremo. ¿El resultado? La ciudad redujo la mortalidad relacionada con el calor en aproximadamente un 25% en tres años mediante herramientas escalables y de bajo costo, como techos reflectantes, puntos de hidratación, áreas de descanso con sombra y alertas por SMS.

Los techos fríos y los horarios de trabajo flexibles pueden ofrecer una relación beneficio-costo de 3:1. Los sistemas de alerta temprana, cuya eficacia ha sido demostrada en toda la ciudad con una relación beneficio-costo de 50:1, pueden implementarse a nivel empresarial mediante alertas por SMS que activen pausas para los trabajadores antes de que el estrés por calor se agrave.

  • Medellín, Colombia. Convirtió una de las islas de calor más tristemente célebres de América Latina en un banco de pruebas para soluciones climáticas y de salud basadas en la naturaleza. Desde 2016, su programa Corredores Verdes ha transformado 18 carreteras y 12 vías fluviales en 20 km de espacios verdes interconectados. La ciudad capacitó a 75 residentes desfavorecidos como jardineros urbanos para plantar 2.5 millones de plantas pequeñas y 880,000 árboles en 30 corredores.

 

Con una inversión total de 16.3 md (equivalente a 6.50 dólares por residente), la iniciativa ha tenido un impacto significativo. Las temperaturas de la ciudad descendieron 2 °C de media, los contaminantes atmosféricos PM2.5 se redujeron un 8% y las infecciones respiratorias agudas disminuyeron más del 40% en tres años.