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La gestión digital de residuos urbanos será clave para el futuro de las ciudades. Un informe del Banco Mundial revela cómo la tecnología puede reducir costos, mejorar el reciclaje y fortalecer la sostenibilidad urbana.

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La gestión de residuos urbanos se ha convertido en uno de los mayores desafíos estructurales para las grandes ciudades del siglo XXI, con impactos directos en salud pública, sostenibilidad ambiental y competitividad urbana.

 

Un nuevo informe del Grupo del Banco Mundial, titulado Residuos reinventados: Guía práctica para la digitalización de la gestión de residuos, plantea un cambio de paradigma: la tecnología digital ya no es un complemento, sino una pieza central para transformar sistemas que, en muchos casos, operan al límite de su capacidad.

 

Advierte el documento que el costo global de la inacción asciende a 361,000 millones de dólares anuales, derivados de residuos no recogidos, vertederos a cielo abierto y quema informal. A ello se suma una presión creciente: la generación mundial de residuos sólidos urbanos pasará de 2,600 millones de toneladas en 2022 a 3,900 millones en 2050, un aumento del 50 por ciento.

En los países de bajos ingresos, el crecimiento será aún más acelerado, con incrementos que podrían duplicar o incluso triplicar los volúmenes actuales.

Frente a este escenario, el informe subraya que la digitalización no se limita a incorporar herramientas tecnológicas, sino a construir sistemas basados en datos más fiables, transparentes y financieramente sostenibles. Entre los beneficios más relevantes destacan la optimización de rutas de recolección para reducir consumo de combustible, la mejora en la facturación y cobro de tarifas, el monitoreo en tiempo real del servicio, el fortalecimiento de la participación ciudadana en el reciclaje y una mayor trazabilidad de los materiales dentro de la economía circular.

 

Organiza el estudio del World Bank Group su propuesta en cuatro ejes clave: participación ciudadana mediante aplicaciones y sistemas de incentivos; logística inteligente con GPS, telemática y contenedores conectados; gestión de plantas con inteligencia artificial y mantenimiento predictivo; y plataformas digitales para facturación, trazabilidad y mercados de materiales reciclados.

 

Los casos analizados evidencian impactos concretos. En Battambang, Camboya, la implementación de facturación digital y monitoreo GPS elevó la cobertura del servicio de recolección del 40% de los hogares a cerca del 80%, mejorando simultáneamente la recaudación. En Seúl, Corea del Sur, el uso de sistemas RFID para residuos alimentarios permitió elevar las tasas de reciclaje de apenas 2% en los años noventa a casi 98% en 2023, mientras que los contenedores inteligentes redujeron hasta 83% los costos operativos en programas piloto.

 

 

En Túnez, específicamente en Cité el Habib, Sfax, el uso de análisis de rutas y telemática logró reducciones de hasta 57% en consumo de combustible y mejoras de entre 29% y 48% en tiempos de recolección.

Más allá de la eficiencia operativa, el informe plantea una lectura estratégica para las ciudades vinculadas al desarrollo inmobiliario: sistemas de residuos más inteligentes impactan directamente en la calidad urbana, la valorización del suelo, la atracción de inversión y la resiliencia de los entornos urbanos. En un contexto de urbanización acelerada, la gestión digital de residuos deja de ser un tema técnico para convertirse en un factor clave de competitividad territorial.