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La ruptura entre Washington y Ottawa eleva la incertidumbre en Norteamérica, pero México mantiene ventajas estructurales por su integración manufacturera con Estados Unidos.

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En opinión de Alejandro H. Garza Salazar, fundador y director de inversiones de Aztlan Equity Management, la creciente tensión comercial entre Estados Unidos y Canadá plantea un nuevo desafío para México ante un escenario en el que las decisiones políticas están adquiriendo un mayor peso sobre las relaciones económicas de Norteamérica.

El deterioro de las conversaciones entre Washington y Ottawa y la amenaza de aranceles mutuos de hasta 50% muestran que actualmente las negociaciones comerciales están condicionadas por el estilo de confrontación y los objetivos políticos de la administración de Donald Trump.

 

Ante este escenario, considera que México debe evitar asumir una posición complaciente y aprovechar las ventajas estructurales que respaldan su relación con Estados Unidos. Entre ellas identifica la integración de la manufactura mexicana en las cadenas productivas estadunidenses, particularmente en componentes electromecánicos y electrónicos, además de la cooperación en materia migratoria y de seguridad.

 

Para Garza Salazar, esta integración representa una diferencia importante respecto a Canadá, cuya relación comercial con Estados Unidos tiene un fuerte componente de materias primas.

Destacó el especialista que, pese a la incertidumbre comercial, México continúa captando capital productivo. Citó que la Inversión Extranjera Directa alcanzó 34 mil 968 millones de dólares durante el primer semestre de 2026, un máximo histórico y un crecimiento anual de 2.1 por ciento.

 

 

Sin embargo, advirtió que México enfrentará el desafío adicional de preservar su relación comercial con China sin generar mayores tensiones con Washington.

 

Desde la perspectiva de Aztlan Equity Management, el libre comercio en Norteamérica está evolucionando hacia relaciones bilaterales más complejas, pero ello no necesariamente implica el fin de la integración regional.

 

Garza Salazar considera que el nearshoring continuará respaldado por factores estructurales como la geografía, los costos y la competitividad productiva, independientemente de las tensiones políticas coyunturales.

En este contexto, México deberá preservar sus ventajas competitivas y mantener su atractivo para el capital mientras navega un entorno comercial norteamericano cada vez más condicionado por factores políticos.