De acuerdo con el análisis regional de Cushman & Wakefield, la demanda comienza a consolidarse tras los ajustes registrados en los últimos años, impulsada por la reorganización de las empresas y la adaptación a modelos híbridos de trabajo.
En este contexto, el llamado “flight to quality” se ha consolidado como una tendencia regional. Muchas empresas están reduciendo superficie total, pero al mismo tiempo buscan oficinas mejor ubicadas, con mayor eficiencia energética, servicios y espacios colaborativos que se adapten a los nuevos esquemas laborales. Esta transición está impulsando la absorción en proyectos modernos y presionando a los desarrolladores y propietarios a actualizar sus activos.
En Santiago de Chile, el mercado muestra una recuperación paulatina en la absorción, con una demanda que privilegia edificios eficientes y ubicaciones consolidadas. La estabilidad institucional y la presencia de empresas multinacionales siguen siendo factores clave para la actividad corporativa.
La Ciudad de México se mantiene como uno de los mercados más relevantes de la región, tanto por su volumen de inventario como por su diversidad de corredores corporativos. Aunque la vacancia sigue siendo un desafío en algunos submercados, la demanda se concentra en edificios modernos, particularmente aquellos con mejores estándares ambientales y de servicios.
En Sudamérica, ciudades como Bogotá y Lima registran una recuperación gradual en la actividad de arrendamiento, impulsada por empresas que están reconfigurando sus espacios de trabajo. En ambos casos, la oferta de proyectos nuevos se ha moderado, lo que podría contribuir a un equilibrio más rápido entre oferta y demanda en los próximos años.
Por su parte, Buenos Aires enfrenta un entorno más complejo debido a la incertidumbre económica. Aun así, el mercado mantiene actividad en segmentos específicos, especialmente en edificios de mayor calidad y en zonas corporativas consolidadas.
En conjunto, el mercado latinoamericano de oficinas avanza hacia una nueva etapa caracterizada por mayor selectividad de los ocupantes, menor expansión especulativa y una creciente importancia de la calidad, la ubicación y la sustentabilidad de los edificios. En este escenario, los activos mejor posicionados seguirán captando la mayor parte de la demanda corporativa en los próximos años.

