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El turismo en México está transitando hacia un nuevo modelo de desarrollo, donde deja de ser una actividad centrada exclusivamente en la ocupación hotelera para convertirse en una plataforma integral de inversión y crecimiento económico.

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Así lo plantea la guía Tourism Doing Business, Invirtiendo en México, que redefine el papel del sector en el contexto actual. La estrategia apunta a consolidar ecosistemas que integren alojamiento, servicios, entretenimiento y oferta residencial, bajo una lógica de mayor valor agregado.

 

Bajo este esquema, el turismo no solo genera derrama económica de corto plazo, sino que impulsa la creación de comunidades planeadas y desarrollos de uso mixto, especialmente en destinos clave del país.

 

En un contexto donde el nearshoring ha cobrado importancia, la movilidad laboral y el crecimiento de los nómadas digitales están ampliando la demanda más allá del visitante tradicional. Esto fortalece destinos urbanos y de playa, donde la estancia temporal se combina cada vez más con esquemas de residencia flexible o de largo plazo.

 

De ahí que, en este escenario, el Real Estate se integra como un componente relevante dentro del ecosistema turístico. La evolución del turismo abre oportunidades para productos como branded residences, vivienda vacacional y proyectos híbridos que integran hospitalidad con espacios habitacionales. Más que desarrollos aislados, el enfoque se centra en generar entornos completos que eleven la experiencia del usuario y diversifiquen las fuentes de ingreso.

 

Y al mismo tiempo, el modelo privilegia el uso de infraestructura existente y una mayor participación de capital privado, lo que reduce la presión sobre el gasto público, pero eleva la exigencia en términos de planeación, sostenibilidad y viabilidad financiera.

 

 

Así, el turismo en México se perfila no solo como motor de consumo, sino como catalizador de inversión inmobiliaria y transformación territorial.

De acuerdo con el Tourism Doing Business, Invirtiendo en México, el país se posiciona como un destino turístico altamente competitivo a nivel global, impulsado por su diversidad natural, riqueza cultural y una infraestructura sólida que favorece la inversión.

 

El país no solo mantiene su liderazgo en segmentos tradicionales como sol y playa y turismo cultural, sino que amplía su alcance hacia nichos con alto potencial como el turismo deportivo, de naturaleza, de negocios y de bienestar. Este dinamismo se ve respaldado por un entorno regulatorio que brinda certidumbre jurídica, incentivos fiscales y una mayor coordinación entre el sector público y privado.

 

A la par, la inversión en infraestructura turística —tanto en destinos consolidados como en regiones emergentes— se perfila como un eje estratégico para diversificar la oferta, mejorar la conectividad y detonar desarrollo regional.

Proyectos como corredores turísticos, desarrollos hoteleros y residenciales, así como la integración de sostenibilidad y digitalización, marcan la pauta de un nuevo modelo de crecimiento. En conjunto, México ofrece condiciones favorables para inversiones de largo plazo, combinando rentabilidad con impacto económico, social y ambiental.