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La combinación de un dólar debilitado, menores tasas de largo plazo en Estados Unidos, el atractivo que conserva el peso para los inversionistas y una percepción relativamente favorable sobre México ha llevado al tipo de cambio a niveles no vistos en más de dos años.

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El peso mexicano atraviesa uno de sus mejores momentos de los últimos años. Este 19 de agosto llegó a cotizar por debajo de 17 pesos por dólar y tocó niveles cercanos a 16.95 unidades, una fortaleza que responde a una combinación de factores externos e internos. Esta mañana del jueves 20 de agosto arrancó operaciones en 16.97 pesos por dólar.

 

Ahora bien, el principal impulso reciente proviene del exterior. El dólar ha perdido terreno frente a las principales monedas internacionales, favorecido por una corrección a la baja de las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y por las expectativas sobre los próximos movimientos de la Reserva Federal.

 

La disminución de los rendimientos estadunidenses favorece particularmente a monedas como el peso porque aumenta el atractivo relativo de invertir en mercados que todavía ofrecen tasas de interés elevadas.

Ahí aparece uno de los principales factores internos detrás de la apreciación: México conserva un diferencial de tasas favorable frente a Estados Unidos. A pesar del ciclo de relajamiento monetario de Banco de México, los rendimientos en pesos continúan siendo atractivos para inversionistas internacionales.

Esta condición favorece las operaciones conocidas como carry trade, mediante las cuales los inversionistas obtienen financiamiento en monedas con menores tasas para invertir en otras que ofrecen rendimientos superiores.

Cuenta el peso además con otra característica importante: su elevada liquidez. Al ser una de las monedas emergentes más negociadas internacionalmente, suele beneficiarse rápidamente cuando aumenta el apetito global por activos de mayor rendimiento, aunque esa misma característica puede incrementar su volatilidad cuando cambia la percepción de riesgo.

La fortaleza cambiaria también refleja que, hasta ahora, la incertidumbre asociada con la revisión del T-MEC y las tensiones comerciales con Estados Unidos no ha generado una salida significativa de capital financiero. Las señales de negociación entre ambos países han contribuido a contener parte de esa percepción de riesgo.

El desempeño reciente, sin embargo, no significa que la economía mexicana esté atravesando un periodo de crecimiento extraordinario. Las perspectivas para 2026 continúan apuntando hacia una expansión moderada, por lo que una parte importante de la apreciación cambiaria está relacionada con las condiciones financieras internacionales.

 

De esta manera, el peso fuerte combina dos historias simultáneas: un dólar globalmente más débil y una moneda mexicana que conserva atributos particularmente atractivos para los inversionistas.

 

El escenario tampoco está exento de riesgos. Un repunte de las tasas estadunidenses, un cambio hacia una política más restrictiva de la Reserva Federal, el desmantelamiento de posiciones de carry trade o mayores tensiones comerciales podrían revertir parte del movimiento.

Por ahora, la combinación de factores externos e internos ha permitido al peso recuperar niveles inferiores a 17 por dólar que no se observaban desde 2024.

Este peso fuerte es positivo para el control de la inflación, pero no para las exportaciones y el turismo, porque las encarece.