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En un entorno global marcado por mayor volatilidad e incertidumbre, México mantiene un amplio potencial de crecimiento, pero sigue atrapado en una trayectoria por debajo de su capacidad, inercia que se podrá romper con mayor inversión privada nacional.

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Así lo señaló Eduardo Osuna, vicepresidente y director general de BBVA México, al destacar que el país no ha logrado superar un crecimiento promedio de 2% en los últimos 25 años, lo que ha implicado una pérdida de posiciones en el ranking económico global.

 

El directivo subrayó que el principal factor para cambiar esta tendencia no es externo, sino interno: la inversión privada nacional. Actualmente, representa el 76% de la inversión total en el país, muy por encima de la inversión extranjera directa (11%) y la pública (3%). Sin embargo, se ha mantenido prácticamente estancada en los últimos años, lo que explica el bajo dinamismo económico y la limitada creación de empleo formal.

 

Osuna identificó tres obstáculos estructurales que frenan el crecimiento: la falta de infraestructura, la alta informalidad y los problemas de seguridad —tanto física como jurídica—. Estos factores, afirmó, inhiben la inversión y reducen la productividad.

Para revertir esta inercia, planteó una ruta basada en cinco pilares estratégicos:

  1. Plan de infraestructura.

El anuncio de un programa cercano a 323 mil millones de dólares representa una oportunidad histórica. De ejecutarse eficazmente, podría aportar hasta 0.9 puntos porcentuales adicionales al crecimiento sostenido. No obstante, el reto será la ejecución: licitaciones, permisos y financiamiento podrían retrasar el impacto hasta 2027.

  1. Ratificación del T-MEC.

La continuidad del acuerdo comercial —Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá— es clave para mantener el dinamismo exportador. México ha ganado participación en importaciones de Estados Unidos y se consolida como su principal socio comercial. Este factor podría sumar 0.3 puntos al crecimiento.

  1. Digitalización.

La transformación digital es esencial para reducir la informalidad y mejorar la eficiencia económica. Sin embargo, el uso del efectivo sigue predominando: 85% de las transacciones en México se realizan en efectivo, lo que limita la inclusión financiera y el acceso al crédito. También aportaría 0.3% al crecimiento.

  1. Crédito a Pymes.

Aunque las pequeñas y medianas empresas representan el 99.8% del tejido empresarial, solo el 7% tiene acceso a financiamiento. La clave, dijo, es la bancarización y la formalización progresiva, comenzando por digitalizar pagos y transacciones. De aquí saldría otro 0.3% al crecimiento.

  1. Seguridad.

La inseguridad resta al menos medio punto porcentual al crecimiento económico. Mejorar tanto la incidencia delictiva como la percepción de seguridad jurídica es fundamental para detonar inversión y 0.5% más al crecimiento.

 

Osuna enfatizó que alcanzar un crecimiento sostenido de 2.5% permitiría a México escalar posiciones hasta convertirse en la décima economía del mundo. La diferencia frente al escenario inercial —de alrededor de 1.5%— radica en la capacidad de ejecutar estas reformas y, sobre todo, en generar condiciones de certidumbre para que los empresarios mexicanos inviertan más.

 

“El país sí puede romper el ciclo de bajo crecimiento, pero requiere acción coordinada y reglas claras”, concluyó.