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El Mundial 2026 dejará inversiones en infraestructura deportiva, turismo y una derrama económica estimada de hasta 65 mil millones de pesos en México.

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A días de la Copa Mundial de Futbol 2026, México se prepara para aprovechar uno de los mayores escaparates globales no solo en términos deportivos, sino también económicos, turísticos y de infraestructura.

 

Durante el panel “Todo sobre el Mundial”, organizado por la ADI (Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios), David Faitelson, comentarista deportivo; Justino Compeán, expresidente de la Federación Mexicana de Futbol; y Luis Palma, vicepresidente de operaciones de la FMF, coincidieron en que el torneo representa una oportunidad histórica para proyectar al país ante el mundo y consolidar inversiones de largo plazo.

 

 

 

Por su parte, David Faitelson reconoció el avance de la infraestructura futbolística mexicana impulsada por la iniciativa privada, particularmente en los tres estadios sede del Mundial: el Estadio Azteca, el BBVA de Monterrey y el Akron de Guadalajara.

“Hoy los tres estadios con los que participa México son de la iniciativa privada”, destacó, al señalar que el futbol mexicano ha logrado construir un legado importante en materia de estadios, centros de entrenamiento y operación deportiva.

Sin embargo, el periodista también cuestionó la falta de obras urbanas y de movilidad de gran escala alrededor del evento, comparando el impacto que dejaron los Juegos Olímpicos de 1968 en la Ciudad de México, con infraestructura que aún hoy continúa en operación.

 

“El Mundial debería dejarle algo a la sociedad más allá de los partidos”, afirmó Faitelson, quien mencionó pendientes en temas como movilidad, aeropuertos y conectividad urbana.

 

A su vez, Justino Compeán explicó cómo México logró convertirse en el primer país en albergar tres Copas del Mundo, gracias a una combinación de visión empresarial, capacidad organizativa y relaciones internacionales dentro de FIFA.

Recordó que el Mundial de 1970 detonó el desarrollo urbano en la zona sur de la Ciudad de México tras la construcción del Estadio Azteca, mientras que la edición de 1986 consolidó la imagen del país como anfitrión confiable incluso después del terremoto de 1985.

 

 

“El futbol sí aporta a la economía”, afirmó Compeán, al destacar la plusvalía inmobiliaria generada alrededor de los estadios y la derrama económica vinculada al turismo, la hospitalidad y el entretenimiento.

 

De acuerdo con las estimaciones compartidas por David Faitelson durante el panel, el Mundial 2026 podría generar entre 33 mil y 65 mil millones de pesos en derrama económica en sectores como turismo, alimentos y bebidas, comercio, entretenimiento y transporte.

Además, se destacó que México tendrá una exposición internacional sin precedentes el próximo 11 de junio de 2026, fecha inaugural del torneo, cuando más de 6 mil millones de personas podrían estar observando imágenes del Estadio Azteca y la Ciudad de México.

 

 

Uno de los temas centrales del encuentro fue la inversión en infraestructura deportiva de alto rendimiento. Luis Palma detalló la transformación integral del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de la Federación Mexicana de Futbol, proyecto desarrollado como parte del legado rumbo al Mundial.

 

 

La remodelación incluyó la construcción de un complejo con tecnología de punta diseñado por el despacho internacional Gensler, especializado en instalaciones deportivas de élite como el centro de entrenamiento de los Dallas Cowboys.

El nuevo complejo incorpora dos canchas híbridas, hotel para concentraciones, áreas médicas, gimnasios, cámaras hiperbáricas y criogénicas, así como un modelo operativo que optimiza los procesos de entrenamiento de la selección nacional.

“Lo estamos preparando para los próximos 30 años”, afirmó Palma, quien señaló que el complejo podrá albergar simultáneamente a cuatro selecciones nacionales.

En paralelo, el Estadio Azteca pasó por una profunda modernización para adecuarse a los requerimientos de FIFA, incluyendo nuevos palcos, áreas hospitality y mejoras operativas, aunque preservando la esencia histórica del inmueble.

 

Para los participantes, el Mundial 2026 representa mucho más que futbol. Es una plataforma para atraer inversión, fortalecer la imagen internacional de México y consolidar infraestructura deportiva y turística con visión de largo plazo.

 

“El país se lo merece”, concluyó Compeán. “Tenemos que demostrarle al mundo que México puede ser un extraordinario anfitrión”.