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La crisis del mercado inmobiliario en China enfrenta problemas estructurales —exceso de vivienda, caída de precios, falta de reformas fiscales y fuerte intervención estatal— que podrían prolongar el ajuste hasta el año 2030, según analistas.

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El mercado inmobiliario de China atraviesa una de las crisis más profundas y prolongadas de su historia reciente. Aunque el gobierno ha intentado contener la narrativa negativa y estabilizar al sector, los problemas estructurales son tan amplios que analistas internacionales estiman que la recuperación podría tardar varios años más, incluso hasta 2030.

 

Desde 2021, el sector comenzó a deteriorarse tras décadas de crecimiento acelerado impulsado por deuda, especulación y una fuerte dependencia de la construcción como motor económico. Hoy, el ajuste no solo continúa, sino que enfrenta obstáculos que dificultan una salida rápida.

 

Un mercado en contracción profunda

Las cifras disponibles —aunque cada vez más limitadas— muestran un desplome significativo. Las ventas de vivienda nueva se han reducido alrededor de 50% respecto a su punto más alto, mientras que la construcción cayó cerca de 75 por ciento. La inversión inmobiliaria también registra descensos de más de un tercio frente a niveles previos a la crisis.

Sin embargo, el mayor foco de preocupación son los precios. Gran parte de las ganancias acumuladas durante la década previa a 2021 ya se perdieron. En términos comparativos, el ajuste chino supera incluso al vivido en Estados Unidos durante la crisis hipotecaria de 2007-2008, lo que refleja la magnitud del problema.

Riesgos para bancos y sistema financiero

El impacto va más allá del sector vivienda. En China, una parte importante de los activos que respaldan a los bancos está ligada a bienes inmuebles. A medida que los precios caen, el valor de esas garantías se debilita, aumentando los riesgos para el sistema financiero.

Además, aseguradoras y administradoras de activos estatales mantienen una exposición relevante al sector inmobiliario, lo que amplifica la preocupación de inversionistas locales e internacionales sobre la estabilidad de largo plazo.

Falta de información clara y confiable

Evaluar el tamaño real de la crisis se ha vuelto cada vez más complejo. En los últimos meses, autoridades han restringido la difusión de información negativa sobre el sector. Varias cuentas especializadas en redes sociales fueron cerradas y algunas de las principales firmas privadas de análisis dejaron de publicar datos mensuales de ventas.

 

Los indicadores oficiales, que se concentran en grandes ciudades, no reflejan plenamente lo que ocurre en zonas medianas y pequeñas, donde la caída ha sido más severa. Incluso en ciudades clave como Shanghái, los precios de la vivienda usada podrían haber bajado mucho más de lo que muestran los datos oficiales.

 

 

Un exceso de viviendas difícil de absorber

Uno de los principales lastres del mercado es el enorme inventario sin vender. Se estima que existen alrededor de 30 millones de viviendas nuevas sin colocar y cerca de 49 millones de propiedades de inversión desocupadas.

Las autoridades locales, en su intento por evitar desplomes abruptos de precios y tensiones sociales, suelen limitar los descuentos en viviendas nuevas. Esta intervención, aunque bien intencionada, termina retrasando las ventas y distorsionando las señales del mercado, alargando el ajuste.

Sin impuesto predial, el ajuste se vuelve más lento

Otro factor clave es la ausencia de un impuesto efectivo a la propiedad residencial. Aunque el tema se ha discutido durante años, su aplicación ha sido mínima. Sin este tipo de gravamen, los propietarios de viviendas de inversión tienen pocos incentivos para vender, incluso en un entorno de precios a la baja.

Como resultado, muchos optan por mantener inmuebles vacíos, esperando una eventual recuperación, lo que impide una corrección más rápida del mercado.

Un proceso largo y gradual

 

Con la construcción de nuevas viviendas en mínimos, el peso del ajuste recae ahora en el mercado de vivienda usada. La participación de las casas nuevas en las transacciones totales ha caído drásticamente, haciendo que el ritmo de recuperación dependa de que los propietarios acepten vender con pérdidas.

 

Analistas coinciden en que este proceso será lento, marcado por caídas graduales de precios y una absorción paulatina del exceso de oferta. Bajo este escenario, la crisis inmobiliaria china no se resolvería en el corto plazo y podría extenderse durante la segunda mitad de la década.

Un desafío estructural para la economía china

La prolongación de la crisis refleja problemas de fondo: dependencia excesiva del sector inmobiliario, intervención gubernamental que frena ajustes rápidos y falta de reformas fiscales clave. Mientras estos elementos no se corrijan, el mercado seguirá bajo presión.

 

Por ello, más que un bache temporal, el sector inmobiliario chino enfrenta una reconfiguración profunda que podría redefinir su papel en la economía del país hasta bien entrada la próxima década.

 

Con información de infobae.com