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De acuerdo con información citada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 75% de los empleados en México presenta algún grado de “burnout”, una condición asociada al estrés laboral crónico que afecta la salud emocional, la productividad y la calidad de vida.

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Este escenario es particularmente evidente en las grandes ciudades, donde el ruido, el tráfico, la sobreexposición a pantallas y la limitada presencia de áreas verdes mantienen a las personas en un estado constante de alerta.

 

Diversos estudios en arquitectura y salud ambiental señalan que el diseño de la vivienda influye de manera directa en el bienestar mental. Elementos como la luz natural, la ventilación adecuada, la reducción del ruido, la conexión visual con la naturaleza y el uso de materiales orgánicos contribuyen a disminuir los niveles de estrés y a mejorar la calidad del descanso.

 

Cada inicio del año no siempre representa un periodo de renovación para la fuerza laboral en México. Para una parte significativa de los trabajadores, enero llega acompañado de agotamiento acumulado, estrés persistente y una sensación constante de urgencia.

Este fenómeno ha llevado a que el burnout deje de percibirse como un problema individual para consolidarse como un reto colectivo con implicaciones sociales y económicas de acuerdo con un análisis de Reserva Santa Fe.

 

 

 

Advierten los especialistas que la acumulación de estrés favorece la elevación sostenida del cortisol, lo que incide negativamente en el descanso, la concentración y el equilibrio emocional. En este contexto, el entorno cotidiano adquiere una relevancia estratégica, especialmente el espacio habitacional.

 

Y en opinión de Reserva Santa Fe, ante este panorama, el hogar comienza a ser entendido no solo como un espacio funcional, sino como un refugio mental. Las tendencias residenciales que se perfilan hacia los próximos años apuntan a viviendas que favorezcan la calma, el descanso profundo y la reconexión con lo esencial, reconociendo que el bienestar emocional también depende del entorno físico.

 

Esta revaloración de la vivienda responde a una necesidad estructural derivada de los cambios en la dinámica laboral y urbana. Más allá de hábitos individuales, contar con espacios que promuevan la tranquilidad se perfila como un factor clave para enfrentar los efectos del burnout colectivo y mejorar la calidad de vida de la población.