Este escenario es particularmente evidente en las grandes ciudades, donde el ruido, el tráfico, la sobreexposición a pantallas y la limitada presencia de áreas verdes mantienen a las personas en un estado constante de alerta.
Cada inicio del año no siempre representa un periodo de renovación para la fuerza laboral en México. Para una parte significativa de los trabajadores, enero llega acompañado de agotamiento acumulado, estrés persistente y una sensación constante de urgencia.
Este fenómeno ha llevado a que el burnout deje de percibirse como un problema individual para consolidarse como un reto colectivo con implicaciones sociales y económicas de acuerdo con un análisis de Reserva Santa Fe.

Advierten los especialistas que la acumulación de estrés favorece la elevación sostenida del cortisol, lo que incide negativamente en el descanso, la concentración y el equilibrio emocional. En este contexto, el entorno cotidiano adquiere una relevancia estratégica, especialmente el espacio habitacional.
Esta revaloración de la vivienda responde a una necesidad estructural derivada de los cambios en la dinámica laboral y urbana. Más allá de hábitos individuales, contar con espacios que promuevan la tranquilidad se perfila como un factor clave para enfrentar los efectos del burnout colectivo y mejorar la calidad de vida de la población.


