Con una conexión de 58 kilómetros entre Zinacantepec y Observatorio, y tiempos de traslado cercanos a 39 minutos, el sistema reduce de forma significativa los recorridos que antes podían superar hora y media en horas pico. Este cambio introduce un factor clave en el mercado: el tiempo como variable determinante de ubicación.
Especialistas de Desarrolladora del Parque consideran que la infraestructura no genera valor por sí misma, pero sí lo acelera cuando se combina con zonas consolidadas. En este contexto, el poniente capitalino ya contaba con fundamentos sólidos: concentración de empleo, servicios y oferta residencial. La llegada del tren actúa como catalizador.
Sin embargo, el impacto es gradual. Primero cambia la percepción de distancia, luego se ajusta la demanda y, finalmente, se reflejan variaciones en precios. Evidencia internacional de organismos como ONU-Hábitat y el Banco Interamericano de Desarrollo señala que proyectos de transporte pueden impulsar incrementos de valor inmobiliario de entre 5% y 20% en horizontes de dos a cinco años en zonas bien ubicadas.
Y en áreas como Interlomas, Lomas Altas o Cuajimalpa, donde el desarrollo está más consolidado, el efecto no será expansivo, pero sí de fortalecimiento en la demanda existente. Para segmentos como jóvenes profesionistas y ejecutivos, la reducción en tiempos de traslado amplía el abanico de opciones residenciales cercanas a sus centros de trabajo.
“La movilidad cambia la manera en que la gente decide dónde vivir. Cuando los trayectos se acortan, zonas que antes se percibían lejanas empiezan a competir en igualdad de condiciones”, señala Gabriela Serrano, de Desarrolladora del Parque.

