|  

El Real Estate mexicano no apunta a un freno por la crisis del Medio Oriente, pero existe el riesgo de un ajuste en sus condiciones de crecimiento. El sector mantiene fundamentos sólidos, pero enfrentará un entorno de mayor cautela, riesgos de costos al alza y una demanda más selectiva, particularmente en los segmentos dependientes del crédito.

5 No me gusta0

El conflicto en Medio Oriente tendrá efectos diferenciados sobre el sector inmobiliario del país, dependiendo de su duración y profundidad.

 

Y en un escenario de corta duración, con una resolución en cuestión de semanas, el impacto sería limitado y no alteraría de forma significativa el desempeño del real estate en México. Sin embargo, incluso en este contexto, existen riesgos indirectos que podrían generar presiones puntuales.

 

Destaca como el principal canal de transmisión el energético. Un incremento de mediano o largo plazo en los precios del petróleo y sus derivados impactaría los costos de producción de materiales clave para la construcción, como cemento, acero y vidrio, además de encarecer la logística. Esto implicaría presiones en los costos de nuevos desarrollos, afectando márgenes o trasladándose a precios finales.

Pero, en un escenario más adverso, donde el conflicto se prolongue y afecte nuevamente las cadenas globales de suministro, las repercusiones serían de mayor magnitud, como lo vivimos durante la pandemia. En este contexto, el mercado inmobiliario enfrentaría no solo mayores costos, sino también una demanda más cautelosa.

La vivienda media y media-residencial serían los segmentos más sensibles. La incertidumbre tiende a frenar decisiones de compra, especialmente en aquellos compradores que dependen del financiamiento. Por el contrario, los segmentos de mayor valor, menos apalancados, podrían mostrar mayor resiliencia.

 

 

Al mismo tiempo, el fenómeno del nearshoring se mantendría como un soporte estructural para el mercado inmobiliario industrial. Y es que la incertidumbre global no cancela el interés por México, pero sí vuelve más selectivas las decisiones de inversión, alargando los tiempos de ejecución y elevando los estándares de análisis de riesgo.

 

El crédito hipotecario es otro frente clave. Si las presiones inflacionarias globales se intensifican y la incertidumbre sigue golpeando a los mercados financieros, las tasas de interés de largo plazo no solo no podrán bajar, sino que podrían incluso repuntar y evitar que el costo del crédito hipotecario pueda bajar. Esto implicaría que los créditos se mantendrían en niveles elevados por más tiempo, limitando la accesibilidad para nuevos compradores.

 

También, el margen de maniobra de Banco de México para recortar tasas se reduciría por el repunte de la inflación, e impactaría el costo del crédito a las empresas, en este caso el crédito puente a desarrolladores.

A ello se suma la volatilidad cambiaria. Aunque el tipo de cambio no ha mostrado grandes sobresaltos, los episodios de aversión al riesgo encarecen insumos importados, sobre todo de materias primas para la construcción.

Finalmente, el real estate mexicano, al igual que la economía, enfrente elementos de incertidumbre, aunque sus fundamentales están sólidos y ello le permitirá ser resiliente en este contexto que espera una mayor definición en su duración y profundidad en los efectos.