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Durante años, buena parte del desarrollo residencial de lujo en los principales destinos turísticos de México estuvo orientado al comprador extranjero. Estadunidenses y canadienses encontraron en lugares como Los Cabos, Cancún, Riviera Maya y Riviera Nayarit una combinación atractiva de clima, conectividad, estilo de vida y precios competitivos frente a otros mercados internacionales.

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La expansión de las branded residences se apoyó inicialmente en esa demanda. Para quien adquiere una segunda residencia a miles de kilómetros de su lugar habitual de residencia, una marca reconocida aporta confianza, estándares de servicio y, sobre todo, una solución para administrar una propiedad que permanecerá desocupada durante determinados periodos del año.

Sin embargo, el mercado empieza a mostrar otra dinámica: el comprador mexicano de alto poder adquisitivo está adquiriendo mayor relevancia en este segmento.

 

La tendencia resulta especialmente interesante porque modifica la lógica bajo la cual se desarrollaron muchos de estos proyectos. Las branded residences dejan de ser exclusivamente una fórmula para atraer capital internacional y se convierten también en una alternativa para canalizar patrimonio nacional hacia bienes raíces de lujo.

 

El cambio coincide con una expansión considerable de la oferta. Marcas como Four Seasons, Ritz-Carlton, St. Regis, Mandarin Oriental, Rosewood, SLS, Thompson, Armani o Angsana participan actualmente en desarrollos residenciales en diferentes mercados mexicanos, ampliando las alternativas para compradores nacionales.

Para este perfil, el atractivo no necesariamente está solo en poseer una propiedad asociada con una marca reconocida. También pesa la posibilidad de contar con servicios hoteleros, concierge, mantenimiento, seguridad, administración profesional, amenidades, beach clubs y, en determinados proyectos, programas de renta.

Esto resulta particularmente relevante para las segundas residencias. Un comprador de Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara que adquiere una propiedad en Los Cabos o Riviera Maya enfrenta algunas de las mismas necesidades que un propietario extranjero: requiere que alguien mantenga, opere y proteja el inmueble cuando no lo utiliza.

 

Al mismo tiempo, las branded residences están llegando al mercado urbano. Proyectos en Ciudad de México vinculados con marcas hoteleras, de moda y lifestyle muestran que el modelo también puede atraer al comprador mexicano que busca una residencia principal o una inversión patrimonial.

 

El fenómeno podría tener implicaciones importantes para el mercado. Una mayor participación de compradores nacionales diversifica la demanda y reduce la dependencia exclusiva del capital extranjero, al tiempo que amplía el mercado potencial para nuevos desarrollos.

Las branded residences comienzan así a cumplir una doble función en México: siguen siendo una poderosa herramienta para atraer compradores internacionales, pero también están convirtiéndose en una nueva expresión de cómo el patrimonio mexicano de alto poder adquisitivo invierte, disfruta y preserva su riqueza inmobiliaria.