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A lo largo de 2025, uno de los episodios más relevantes para el sistema financiero mexicano fue la imposición de sanciones desde Estados Unidos a CI Banco, Intercam Banco y la casa de bolsa Vector, por presuntas fallas en controles relacionados con lavado de dinero.

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Aunque se trató de un asunto eminentemente financiero y regulatorio, sus efectos se extendieron de forma indirecta al mercado inmobiliario, particularmente al segmento institucional vinculado a los fideicomisos de inversión en bienes raíces (Fibras).

Dos de las tres instituciones señaladas mantenían una participación relevante en la administración, operación o estructura fiduciaria de distintos vehículos financieros, incluidos fideicomisos inmobiliarios.

Y en un mercado donde la figura fiduciaria es central para la canalización de recursos hacia proyectos de largo plazo, el episodio generó incertidumbre temporal, ajustes operativos y una revisión más profunda de riesgos por parte de inversionistas y autoridades.

 

El impacto no fue inmediato ni homogéneo, pero sí perceptible. En primer lugar, varias Fibras Inmobiliarias y desarrolladores se vieron obligados a revisar sus relaciones fiduciarias, evaluar sustituciones de intermediarios y reforzar procesos de cumplimiento. Estos movimientos implicaron costos administrativos adicionales y, en algunos casos, retrasos en decisiones financieras, emisiones de deuda o reestructuración de portafolios.

 

Además, el episodio coincidió con un entorno ya retador para el sector inmobiliario: tasas de interés elevadas, menor dinamismo económico y una fase de ajuste tras el fuerte crecimiento observado en años previos.

 

 

Bajo ese contexto, la noticia de las sanciones añadió una capa adicional de cautela entre inversionistas institucionales, particularmente extranjeros, que pusieron mayor énfasis en la calidad del gobierno corporativo y la solidez de las contrapartes financieras.

 

No obstante, el evento no derivó en una disrupción sistémica del mercado inmobiliario. Las Fibras continuaron operando, cumpliendo con sus obligaciones y distribuciones, y el mercado demostró una capacidad de adaptación relevante. Las fibras vinculadas a dichas instituciones buscaron lo más rápido posible un sustituto confiable para garantizar la certidumbre operativa y para los inversionistas.

 

La estructura legal de los fideicomisos, la diversificación de activos y la supervisión regulatoria local funcionaron como amortiguadores frente a un choque de confianza de corto plazo.

 

Desde una perspectiva más amplia, el episodio dejó varias lecciones para el sector. La primera es la creciente interdependencia entre el sistema financiero y el mercado inmobiliario institucional. En un entorno donde los proyectos dependen cada vez más de financiamiento estructurado, emisiones bursátiles y vehículos fiduciarios, la solidez y reputación de los intermediarios se vuelve un factor estratégico.

 

La segunda lección es el reforzamiento de estándares. A lo largo de 2025, se observó una mayor exigencia en materia de cumplimiento, transparencia y prevención de riesgos, tanto por parte de inversionistas como de autoridades. Este proceso, aunque genera fricciones en el corto plazo, tiende a fortalecer al mercado en el mediano y largo plazo.

Finalmente, el caso evidenció que el riesgo reputacional puede ser tan relevante como el riesgo financiero. Para desarrolladores, operadores y administradores de activos inmobiliarios, la elección de socios financieros dejó de ser solo una decisión de costo o eficiencia, para convertirse en un componente clave de la estrategia de negocio.

En balance, las sanciones a CI Banco, Intercam y Vector representaron uno de los episodios de mayor tensión financiera del año y tuvieron efectos indirectos sobre el mercado inmobiliario mexicano. Sin embargo, también aceleraron procesos de profesionalización, diversificación y fortalecimiento institucional que, hacia adelante, podrían traducirse en un sector más robusto, transparente y resiliente.