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En 2025 la inflación en México desaceleró y cerró por debajo de 4%, pero los precios de servicios y alimentos siguieron presionando el gasto de las familias, mientras las expectativas para 2026 apuntan a una baja gradual, aunque todavía incompleta.

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Durante 2025, la inflación al consumidor en México mostró una trayectoria de desaceleración gradual, aunque sin regresar plenamente al objetivo del Banco de México. Al cierre del 2025, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se ubicó en 3.69% anual, ligando seis meses consecutivos por debajo del umbral de 4%, de acuerdo con cifras del INEGI analizadas por Banco Base.

 

Si bien este comportamiento representa un alivio frente a los niveles elevados observados en años previos, la moderación de la inflación no ha sido homogénea y su impacto en el gasto de las familias sigue siendo relevante, especialmente en alimentos y servicios.

 

Un cierre de año con inflación contenida

En diciembre de 2025, la inflación mensual fue de apenas 0.28%, el registro más bajo para un mes igual desde 2012. Esta desaceleración estuvo impulsada principalmente por la inflación no subyacente, que incluye productos agropecuarios y energéticos, y que mostró una variación negativa.

La baja en los precios de frutas, verduras y algunos productos pecuarios ayudó a contener el avance general de los precios, ofreciendo un respiro temporal al bolsillo de los hogares, particularmente en el rubro alimentario, indicaron los analistas.

Inflación subyacente: el reto persistente

A diferencia del componente más volátil, la inflación subyacente —que refleja de mejor manera la tendencia de fondo— se mantuvo elevada durante gran parte de 2025. Al cierre del año, este indicador se ubicó en 4.33% anual, por encima del objetivo del banco central.

 

Dentro de este componente, las mercancías alimenticias y los servicios continuaron presionando los precios. Aunque el ritmo de crecimiento comenzó a moderarse hacia el cierre del año, los costos asociados a vivienda, educación, transporte y servicios personales siguieron afectando el presupuesto familiar.

 

¿Cómo se reflejó en el gasto de los hogares?

Para las familias mexicanas, la desaceleración de la inflación no significó necesariamente una recuperación inmediata del poder adquisitivo. Muchos hogares continuaron ajustando su consumo, priorizando productos básicos, reduciendo gastos discrecionales y enfrentando precios elevados en servicios que difícilmente pueden sustituirse.

 

 

Además, aunque algunos alimentos mostraron bajas temporales, otros productos registraron incrementos importantes a lo largo del año, lo que mantuvo la percepción de carestía en la vida cotidiana.

Un contexto económico frágil

El análisis de Banco Base advierte que la inflación por debajo de 4% también coincide con un periodo de debilidad económica. En episodios anteriores, como entre 2019 y 2020, niveles similares estuvieron asociados a una menor actividad económica, lo que limita el margen de mejora real para los ingresos de las familias.

Expectativas para 2026

 

Hacia adelante, las perspectivas inflacionarias siguen siendo cautelosas. Banco Base estima que la inflación podría cerrar 2026 alrededor de 3.79%, aún por encima del objetivo del Banco de México de 3 por ciento.

 

Entre los riesgos que podrían presionar nuevamente los precios destacan el aumento al salario mínimo, la posible imposición de aranceles a importaciones de países sin tratado comercial y un repunte en la inflación de servicios asociado a eventos de alta demanda, como la Copa Mundial de futbol.

Política monetaria: prudencia obligada

Ante este panorama, el banco central ha optado por mantener una postura cautelosa. Con una tasa de interés de referencia en 7%, la política monetaria se encuentra en una zona considerada neutral, lo que implica que aún no se combate de forma agresiva la inflación, pero tampoco se busca frenar más la actividad económica.

Balance general

 

En 2025, la inflación en México mostró señales claras de desaceleración, pero sin disipar del todo las presiones que enfrentan las familias en su gasto diario. El reto para los próximos meses será lograr una reducción más sostenida y generalizada de los precios, sin profundizar la debilidad económica ni afectar aún más el poder adquisitivo de los hogares.