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El aumento de precios en productos de consumo cotidiano, impuestos y reduflación presionan el gasto de las familias y ponen en riesgo la viabilidad de misceláneas y comercios populares en México.

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El arranque de 2026 ha traído consigo una nueva oleada de incrementos en productos de consumo cotidiano que impactan directamente en el bolsillo de las familias mexicanas, especialmente aquellas de menores ingresos.

Para Gerardo Cleto López Becerra, presidente del Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño y la Empresa Familiar (ConComercioPequeño SC) y Alberto Vargas Lucio, presidente del Movimiento Nacional del Contribuyente Social (organización que agrupa a locatarios de mercados públicos a nivel nacional), los alimentos básicos, refrescos, cigarros y combustibles han registrado alzas significativas que ya se reflejan en mercados públicos, misceláneas y negocios de barrio, donde el margen para absorber costos es prácticamente inexistente.

 

Y aunque el discurso oficial insiste en un control de la inflación, la experiencia diaria de consumidores y pequeños comerciantes muestra una realidad distinta: una cascada de precios que obliga a ajustar hábitos de consumo y a reducir gastos considerados esenciales.

 

Alimentos más caros, consumo más restringido

Tan solo, en mercados y carnicerías de zonas populares, los precios de productos básicos han subido de forma acelerada. Cortes de carne de res que hace unos meses se vendían alrededor de 180 pesos por kilo hoy se ofrecen hasta en 260 pesos, mientras que la pechuga de pollo pasó de 110 a 130 pesos por kilo, indicó Vargas.

Estos aumentos han obligado a muchas familias a comprar menos, sustituir proteínas por opciones más económicas o espaciar sus compras, afectando la calidad de la alimentación y el consumo local.

El “impuesto saludable” y su efecto en el gasto cotidiano

Otro factor que presiona la economía familiar es el incremento de precios derivado del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado a refrescos, bebidas azucaradas y cigarros, señaló López. En el inicio de este año, los aumentos al consumidor final en estos productos se ubican entre 20% y 30 por ciento.

 

Una cajetilla de cigarros que a finales de 2025 costaba menos de 90 pesos hoy supera los 100 pesos, mientras que un refresco de tres litros pasó de 45 a casi 60 pesos. Para millones de hogares, estos productos forman parte del gasto cotidiano, y su encarecimiento reduce el ingreso disponible para otros rubros.

 

Golpe directo a misceláneas y mercados

Para las más de 1.2 millones de tiendas de abarrotes, misceláneas y minisúper que operan en el país, la venta de refrescos y cigarros representa cerca del 60% de sus ingresos. El alza de precios ha provocado una caída en el volumen de ventas y una migración del consumo hacia presentaciones más pequeñas o hacia grandes cadenas comerciales, dejando en desventaja al comercio familiar.

 

 

En el caso del tabaco, el encarecimiento del producto legal ha impulsado el crecimiento del mercado ilegal. Entre 2017 y 2023, la participación de cigarros de contrabando se multiplicó, al ofrecerse a precios muy por debajo del producto regulado, lo que afecta tanto la recaudación como a los comercios formales.

Gasolinas y el efecto dominó

Vargas comentó que el ajuste al IEPS en combustibles, que implica incrementos de hasta 26 centavos por litro, también genera presión sobre los precios finales. El aumento en gasolinas encarece el transporte de personas y mercancías, lo que se traduce en un efecto dominó sobre alimentos, servicios y productos básicos, con un impacto directo en la inflación percibida por los hogares.

Salario mínimo: aumento insuficiente

Si bien el salario mínimo aumentó 13% para 2026, pasando a poco más de 315 pesos diarios, este ajuste resulta insuficiente frente a incrementos de precios que, en muchos productos de consumo popular, superan los 20% o 30 por ciento, indicó Gerardo López.

 

Pero en la práctica, el poder adquisitivo de los trabajadores se ve erosionado, obligándolos a cambiar de marcas, reducir cantidades o recurrir a productos con menor contenido.

 

Reduflación: pagar lo mismo por menos

Uno de los fenómenos más visibles es la reduflación, una estrategia mediante la cual los fabricantes reducen el contenido de los productos sin modificar el precio. Esta práctica se ha vuelto común en bebidas, alimentos empaquetados y artículos de uso diario, permitiendo a las empresas enfrentar el alza de costos, pero afectando directamente al consumidor final.

Una presión constante sobre la economía popular

El aumento de precios, los impuestos indirectos y la pérdida de poder adquisitivo configuran un escenario complejo para la economía popular. Las familias ajustan su consumo y los pequeños comercios enfrentan menores ventas y mayor competencia, mientras la inflación se vive con mayor intensidad en la vida cotidiana que en los indicadores macroeconómicos.

 

Bajo este contexto, los especialistas y representantes del comercio en pequeño coinciden en que cualquier estrategia económica debe considerar su impacto real en el gasto familiar y en la supervivencia de los negocios que sostienen la economía local.