|  

El Noreste se posiciona como la región más competitiva de México, al encabezar tres de los pilares evaluados por el ICR, lo que la convierte en el entorno más atractivo para la instalación, operación y expansión de empresas, así como para la movilidad y permanencia de capital humano calificado.

1 No me gusta0

El primer Índice de Competitividad Regional (ICR), elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), confirma una marcada disparidad en el desempeño económico y productivo entre las distintas regiones del país.

 

De acuerdo con el IMCO, el liderazgo del Noreste responde a un ecosistema integrado en el que infraestructura, mercado laboral, certidumbre operativa y productividad se refuerzan mutuamente. A ello se suma un entorno favorable para la inversión y una elevada capacidad para insertarse en cadenas productivas nacionales e internacionales.

 

En paralelo, el Noroeste también destaca por su dinamismo económico, aunque enfrenta una paradoja en materia de seguridad: pese a registrar una de las mejores percepciones de seguridad a nivel nacional, presenta la tasa de homicidios más alta del país.

 

Por su parte, el Bajío mantiene un alto nivel de innovación, reflejado en el mayor número de solicitudes de patentes, aunque enfrenta limitaciones en la disponibilidad de mano de obra calificada, lo que restringe la ampliación de su base productiva.

 

A su vez, en el Centro del país, la fortaleza educativa y la atracción de talento contrastan con una baja capacidad de retención, asociada a un mercado de vivienda limitado y costos elevados.

Y en contraste, las regiones del Istmo y Maya muestran rezagos estructurales persistentes. A pesar de su ubicación estratégica y riqueza natural, registran bajos niveles de exportaciones, inversión extranjera directa y una elevada informalidad laboral. La falta de infraestructura logística y energética, así como de empresas líderes y talento especializado, limita su capacidad para capitalizar oportunidades de inversión, profundizando las brechas frente a las regiones del norte del país.

 

 

Según el IMCO, la competitividad en México no es un fenómeno aislado ni estrictamente estatal, sino regional. Las decisiones de política pública, inversión e infraestructura que se toman en una entidad generan impactos directos en sus estados vecinos, ya sea potenciando oportunidades o profundizando rezagos.

El Índice de Competitividad Regional (ICR) 2026, presentado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), evalúa la capacidad de seis regiones del país para atraer y retener inversión y talento, a partir de 40 indicadores agrupados en cuatro subíndices. Bajo este enfoque, el IMCO introduce el concepto de “efecto de vecindad”, que explica cómo el desempeño económico, social y de seguridad de un estado incide directamente en la competitividad de toda una región.

 

Los resultados del índice evidencian que ninguna región del país cuenta hoy con condiciones óptimas en infraestructura o seguridad para retener inversión de forma sostenida. Entre los principales obstáculos identificados destacan la alta informalidad laboral, la caída en los flujos de inversión extranjera directa, la inseguridad y la elevada desigualdad salarial, factores que limitan la atracción y permanencia del talento.

 

Resalta el IMCO que competir como región multiplica resultados. La coordinación entre estados, empresas y el gobierno federal resulta clave para reducir la informalidad, mejorar la seguridad y fortalecer la infraestructura. El ICR se perfila así como una herramienta estratégica para orientar políticas públicas y decisiones de inversión que permitan desbloquear el potencial competitivo regional de México.