En este contexto, Texas se ha posicionado como uno de los principales polos de crecimiento industrial, mientras que México enfrenta el desafío de convertir el impulso del nearshoring en una expansión más profunda de su base productiva.
Para las corporaciones estadunidenses, la decisión de relocalizar operaciones responde a criterios industriales claros. “La política puede generar ruido, pero la lógica industrial genera utilidades”, señaló Alejandro H. Garza Salazar, director de Inversiones y fundador de Aztlan Equity Management.
De acuerdo con el directivo, factores como costos de producción, eficiencia operativa, disponibilidad de talento y seguridad geopolítica mantienen a Norteamérica como la región más competitiva para nuevas inversiones.
Bajo este entorno, Aztlan Equity Management desarrolló un ETF temático enfocado en nearshoring. El instrumento, identificado como “NRSH” y listado en la Bolsa de Nueva York y en la Bolsa Mexicana de Valores a través del SIC, ha registrado un rendimiento del 12% en dólares durante las primeras semanas de 2026, superando al S&P 500, reflejo del interés del mercado por activos vinculados a la expansión industrial regional.
Los flujos de inversión respaldan esta tendencia. En 2025, la Inversión Extranjera Directa en México alcanzó un máximo histórico de 41,000 millones de dólares, impulsada principalmente por proyectos manufactureros, logísticos y tecnológicos. Si bien Texas se consolida como un nodo industrial de rápido crecimiento, México mantiene una posición estratégica en la manufactura regional y cuenta con la oportunidad de fortalecer su papel dentro de las cadenas de valor de Norteamérica.