El ajuste se dio en un contexto en el que el consenso anticipaba una pausa. Para HSBC, el banco central “cumplió con lo dicho: recortó, pero dejando claro que el margen para seguir bajando se está estrechando”, en un entorno donde la inflación ha mostrado sorpresas al alza y persisten riesgos energéticos.
En el frente inflacionario, el panorama se ha deteriorado. El banco central elevó sus pronósticos para los próximos trimestres, presionado por la inflación no subyacente y la persistencia en servicios. En este sentido, Banco Base advirtió que “el panorama inflacionario se ha vuelto más incierto, debido al conflicto de Oriente Medio”, lo que incrementa los riesgos al alza.
En términos de crecimiento, el recorte responde a señales de desaceleración al inicio de 2026. La medida busca aliviar las condiciones financieras, aunque también implica riesgos, como una menor atractividad relativa de México frente a otros mercados.
De hecho, tras el anuncio, el tipo de cambio mostró depreciación y los rendimientos de los bonos repuntaron, reflejando mayor cautela por parte de los inversionistas.
En conjunto, la decisión envía señales mixtas: un banco central que busca apoyar la actividad económica, pero que enfrenta un entorno inflacionario más complejo, lo que apunta a un cierre anticipado del ciclo de recortes en la segunda mitad del año.