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La Copa Mundial de la FIFA 2026 ha generado expectativas de consumo y derrama económica que beneficiará desde grandes empresas hasta pequeños negocios de barrio. Sin embargo, el pequeño comercio enfrenta desafíos que incluyen el reto de contar con la capacidad para satisfacer la demanda.

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La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) estima que tiendas de abarrotes, taquerías, cocinas económicas y otros comercios de proximidad podrían captar entre 8,500 y 10,000 millones de pesos durante la justa mundialista. El potencial se explica por el aumento del consumo asociado a los encuentros deportivos y la llegada de visitantes nacionales y extranjeros.

Aprovechar esta oportunidad también implica enfrentar retos operativos y financieros. De acuerdo con Prontipagos, ecosistema de soluciones financieras y transaccionales para pequeños comercios, el éxito de los negocios dependerá de su capacidad para responder a una mayor demanda en un periodo relativamente corto.

Luis Ángel Almonte Durán, director general de la firma, señala que existen tres frentes clave para el comercio de proximidad: contar con liquidez suficiente para anticipar compras e inventarios, aceptar pagos digitales para evitar la pérdida de ventas y ofrecer servicios transaccionales que conviertan al establecimiento en un punto de conveniencia para residentes y visitantes.

“La temporada mundialista se jugará en la caja, en el inventario y en la capacidad de cobrar sin efectivo. Quien se prepare podrá transformar una temporada de alta demanda en crecimiento real”, afirma.

La oportunidad será especialmente visible en zonas de alta movilidad, corredores turísticos, áreas cercanas a estadios, hoteles, restaurantes y centros de transporte. No obstante, especialistas advierten que una mayor afluencia también puede traducirse en problemas de abasto, falta de liquidez o pérdida de ventas para aquellos negocios que dependan exclusivamente del efectivo.

Así, más allá del espectáculo deportivo, el Mundial 2026 representa una oportunidad para que miles de pequeños comercios modernicen su operación, amplíen sus servicios y consoliden su participación en una derrama económica que también se construirá desde el comercio cotidiano de los barrios.