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El auge de las exportaciones de equipo de cómputo ha convertido a esta industria en uno de los principales motores del comercio exterior mexicano. Sin embargo, especialistas de Banco BASE advierten que su crecimiento depende de un modelo vulnerable que podría verse afectado por la revisión del T-MEC y por cambios en la política comercial de Estados Unidos.

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El sector mexicano de equipo de cómputo atraviesa uno de los momentos de mayor crecimiento de su historia, pero también enfrenta uno de sus mayores desafíos. Aunque las exportaciones alcanzaron cifras récord en 2025 y mantienen un fuerte dinamismo en 2026, analistas de Banco BASE consideran que este desempeño podría verse comprometido durante la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

 

Y el principal riesgo radica en que gran parte de la industria funciona bajo un esquema de ensamble con componentes importados de Asia, situación que podría quedar bajo mayor escrutinio si Estados Unidos endurece las reglas de origen o modifica las condiciones del tratado comercial.

 

Exportaciones alcanzan niveles históricos

De acuerdo con un análisis de Grupo Financiero BASE, las exportaciones mexicanas de equipo de cómputo crecieron 144.8% durante 2025, hasta representar 12.85% del total de las ventas del país al exterior.

La tendencia continúa en 2026. Tan solo durante el primer trimestre, México exportó 34,969 millones de dólares en este segmento, monto que ya supera el valor total registrado en todo 2024 y equivale a cerca del 40% de lo exportado durante 2025.

Dicho crecimiento ha permitido compensar parcialmente la desaceleración observada en la industria automotriz, tradicionalmente la principal generadora de exportaciones manufactureras del país.

El auge responde a factores externos

 

Sin embargo, el análisis explica que el impulso del sector no proviene de una mayor capacidad productiva nacional, sino de factores internacionales.

 

Entre ellos destaca el acelerado crecimiento de las inversiones en inteligencia artificial y centros de datos en Estados Unidos, lo que ha elevado la demanda de servidores y equipos especializados.

A ello se sumó una ventaja arancelaria temporal para México. Mientras las exportaciones mexicanas de equipo de cómputo enfrentaron un arancel promedio de apenas 0.18% en el mercado estadunidense, los productos provenientes de China estuvieron sujetos a tarifas cercanas al 30%, favoreciendo la competitividad de las plantas instaladas en territorio mexicano.

Dependencia de Asia eleva la vulnerabilidad

Señala el estudio que el mayor desafío para la industria es su escasa integración regional.

Actualmente, el 82.14% del valor exportado corresponde a unidades de procesamiento central (CPU), uno de los componentes más importantes de los servidores utilizados en centros de datos.

 

No obstante, México no fabrica la mayoría de los microprocesadores, memorias y otros componentes estratégicos que integran estos equipos. La industria depende principalmente de importaciones provenientes de Taiwán, China y Malasia, que posteriormente son ensambladas en plantas mexicanas para exportarse, casi en su totalidad, hacia Estados Unidos.

 

Según el análisis, existe una correlación muy alta entre la importación de componentes asiáticos y las exportaciones mexicanas de equipos terminados, lo que evidencia un modelo basado en el ensamble más que en la fabricación de alto valor agregado.

 

 

Revisión del T-MEC podría cambiar el panorama

Esta estructura cobra relevancia en vísperas de la revisión del T-MEC.

De acuerdo con la institución financiera, una eventual aplicación de reglas de origen más estrictas o el avance de investigaciones comerciales por parte de las autoridades estadunidenses podría modificar las condiciones bajo las que actualmente opera la industria.

Además, en medios estadunidenses ha circulado la posibilidad de que Washington proponga revisiones anuales del tratado durante la próxima década, en lugar de extender automáticamente su vigencia por 16 años, lo que incrementaría la incertidumbre para las empresas exportadoras.

Para Julio Escandón, director general de Banco BASE, este escenario representa una oportunidad para fortalecer la integración regional de la industria y reducir su dependencia de insumos importados.

Más exportaciones no significan más empleos

 

También el estudio advierte que el crecimiento exportador no se ha traducido en un aumento proporcional del empleo.

 

Mientras las exportaciones de equipo de cómputo crecieron 144.8% durante 2025, el número de trabajadores del sector aumentó apenas 9.45 por ciento.

Los analistas explican que muchas plantas operan prácticamente al límite de su capacidad instalada, con niveles de utilización de entre 90.9% y 99.5%, por lo que incrementar la producción requeriría nuevas inversiones en infraestructura y activos fijos, más que la contratación inmediata de personal.

El reto: pasar del ensamble a la innovación

La institución financiera considera que el crecimiento del sector representa una oportunidad estratégica para México, siempre que el país logre desarrollar una cadena de suministro más integrada y con mayor contenido tecnológico nacional.

 

Para ello, el reto será impulsar la fabricación local de componentes, atraer inversiones de mayor valor agregado y fortalecer la transferencia tecnológica, de manera que la industria pueda mantener su competitividad frente a los cambios que podrían surgir de la revisión del T-MEC y de la evolución de la política comercial de Estados Unidos.

 

De concretarse esa transición, el actual auge exportador podría convertirse en un motor de crecimiento de largo plazo para la economía mexicana, en lugar de depender de ventajas comerciales temporales o de un modelo centrado únicamente en el ensamble.