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La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) perfila un proceso más cercano a una renegociación que a una revisión técnica, en un contexto en el que la administración de Donald Trump utilizará la política comercial como instrumento para alcanzar objetivos de seguridad, migración y combate al crimen organizado.

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De acuerdo con un análisis de Banco Base, la marcada dependencia comercial de México respecto al mercado estadunidense otorga a Washington una posición de mayor fortaleza durante las negociaciones, por lo que es previsible que impulse modificaciones sustanciales al acuerdo.

 

Entre los temas que concentrarán la discusión destacan el endurecimiento de las reglas de origen para sectores estratégicos, principalmente el automotriz y el de equipo de cómputo, con el propósito de elevar el contenido regional y limitar la participación de insumos provenientes de Asia, especialmente de China.

 

También el análisis prevé que Estados Unidos buscará reforzar las disposiciones laborales para reducir la ventaja competitiva que representa el menor costo de la mano de obra en México, además de revisar la permanencia de los aranceles sectoriales como mecanismo de presión para fortalecer la integración productiva de Norteamérica.

Otro de los temas sensibles será el sector energético. Banco Base considera probable que Estados Unidos insista en una mayor apertura a la inversión privada, al considerar que las restricciones actuales limitan el desarrollo de infraestructura y reducen la competitividad regional.

 

Aunque el proceso podría extenderse hasta 2027 e incluso prolongarse más allá de esa fecha, el análisis descarta un rompimiento anticipado del tratado, ya que el T-MEC permanecería vigente hasta 2036 aun sin un acuerdo definitivo. Además, la importancia del mercado mexicano para diversos estados estadunidenses reduce los incentivos para cancelar el acuerdo.

 

Sin embargo, la incertidumbre derivada de la negociación podría mantener débiles los flujos de nueva inversión hacia México y provocar episodios de volatilidad en los mercados financieros, particularmente en el tipo de cambio.

 

 

Banco Base advierte que, más allá de la revisión del T-MEC, los principales riesgos para el crecimiento económico del país continúan siendo internos. Entre ellos destacan la inseguridad, el deterioro de las finanzas públicas, la caída de la inversión en infraestructura, las restricciones a la inversión privada en el sector energético, el debilitamiento institucional y la ausencia de una estrategia de largo plazo para atraer inversión productiva.

 

En este escenario, la revisión del tratado será un factor relevante para la economía mexicana, pero su impacto dependerá también de la capacidad del país para fortalecer sus condiciones internas de competitividad y aprovechar las oportunidades que ofrece la integración regional.

 

No debemos perder de vista que “el T-MEC se mantiene como una herramienta efectiva para la integración regional”. De acuerdo con información del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMC), “en lo que va de 2026, aproximadamente 88% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos cumplen con los requisitos T-MEC. El resultado ha sido que la base gravable de las exportaciones mexicanas sea de apenas 16% en lo que va de 2026, frente a 83% de China, 79% de Japón, 67% de Alemania y 45% de Vietnam. Casi 84% del valor exportado queda protegido del pago de aranceles”.

Y como conclusión el IMCO afirmó que “en un contexto de crecientes tensiones comerciales, el tratado siguió funcionando como un mecanismo efectivo para preservar el acceso al mercado estadounidense y fortalecer la integración regional. Aunque sectores como acero, aluminio y automotriz enfrentan condiciones más adversas, el tratado es la principal herramienta de México para preservar su competitividad en América del Norte. Ante la revisión del próximo 01 de julio, la evidencia sugiere que México llega a la revisión del T-MEC en una posición relativamente favorable”.