La construcción sostenible está dejando de ser solo una tendencia ambiental para convertirse en un elemento clave en la gestión de riesgos y la protección del valor de los activos. En este proceso, bancos y aseguradoras comienzan a perfilarse como actores determinantes para acelerar su adopción, aunque todavía enfrentan retos para integrarla plenamente en sus decisiones.
El estudio señala que, si bien conceptos como la eficiencia energética siguen dominando la conversación, la resiliencia —es decir, la capacidad de las construcciones para resistir y recuperarse ante fenómenos extremos— ha ganado relevancia. Aun así, su peso dentro de los modelos financieros sigue siendo bajo, principalmente porque sus beneficios no siempre son inmediatos ni fáciles de medir.
Uno de los principales obstáculos es la dificultad para demostrar el retorno de inversión. A diferencia de otros indicadores más consolidados, como la reducción de emisiones, los beneficios de la resiliencia suelen manifestarse en el largo plazo, a través de menores pérdidas, continuidad operativa y conservación del valor de los activos. Esta característica complica su integración en los análisis tradicionales de rentabilidad.
En este contexto, el papel de bancos y aseguradoras es estratégico. Su capacidad para asignar capital, evaluar riesgos y diseñar instrumentos financieros los coloca en una posición privilegiada para detonar el cambio. Integrar criterios de resiliencia en créditos, inversiones y pólizas puede acelerar la transformación del sector a gran escala.
Para lograrlo, el Barómetro identifica varios frentes de acción. Entre ellos, el desarrollo de estándares más claros, una mejor medición de los riesgos físicos asociados al cambio climático y la creación de productos financieros adaptados a proyectos sostenibles. También destaca la necesidad de evaluar de forma sistemática la resiliencia dentro de los portafolios de inversión.
Al mismo tiempo, el sector enfrenta el reto de hacer más visibles los beneficios de este tipo de proyectos. Esto implica demostrar con mayor claridad su impacto económico, garantizar su desempeño en el tiempo y evidenciar que pueden ser competitivos frente a esquemas tradicionales.