Un análisis realizado por la firma internacional Enness Global revela que los precios de la vivienda en las 16 ciudades seleccionadas para albergar partidos del torneo han aumentado, en promedio, un 44% desde que Estados Unidos, México y Canadá obtuvieron la sede conjunta en junio de 2018.
El estudio, elaborado con información de organismos oficiales y plataformas especializadas de los tres países anfitriones, confirma una tendencia que históricamente acompaña a los grandes eventos deportivos: la capacidad de actuar como catalizadores de inversión, desarrollo urbano y valorización inmobiliaria de largo plazo.
Los resultados reflejan no sólo el atractivo que genera la organización de una Copa del Mundo, sino también la fortaleza económica, demográfica y empresarial de estas metrópolis, que han consolidado su posición como polos de inversión dentro de América del Norte.
En Canadá, Toronto registró un crecimiento de 23.6%, mientras que Vancouver avanzó 8.6%. Por su parte, San Francisco mostró el incremento más moderado de toda la muestra, con apenas 2.9%, aunque se trata de uno de los mercados inmobiliarios más costosos y consolidados del continente.
Para Enness Global, la relación entre grandes eventos deportivos y valorización inmobiliaria no debe interpretarse como una conexión directa o exclusiva. Sin embargo, la designación como sede suele coincidir con importantes inversiones en infraestructura, proyectos de regeneración urbana, mejoras en movilidad, mayor exposición internacional y un incremento en la inversión extranjera, factores que fortalecen el atractivo de una ciudad para residentes, empresas e inversionistas.
A un día del inicio del Mundial 2026, los datos parecen confirmar que el impacto económico de la máxima justa futbolística se construye mucho antes del silbatazo inicial. Para el sector inmobiliario, la Copa del Mundo no sólo representa un espectáculo deportivo global, sino también una poderosa plataforma de transformación urbana y generación de valor a largo plazo.

