Urbes como la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Querétaro, Puebla y Tijuana, entre otras, enfrentan una realidad común: la disponibilidad de tierra urbanizable es cada vez menor, mientras que la demanda de vivienda, oficinas, espacios comerciales y servicios continúa creciendo.
La tierra: un recurso cada vez más escaso
Durante décadas, las ciudades mexicanas crecieron de forma horizontal, expandiéndose hacia la periferia. Sin embargo, este modelo ha comenzado a mostrar sus límites, sobre todo en la Ciudad de México.
En muchas zonas metropolitanas ya no existen grandes reservas territoriales cercanas a los centros de empleo y servicios. Cuando sí existen, suelen enfrentar restricciones ambientales, topográficas o regulatorias.
Como resultado, el valor del suelo urbano se ha incrementado significativamente, especialmente en corredores consolidados y bien conectados. Construir hacia arriba sin duda optimiza los terrenos, pero no abarata los inmuebles; en algunos mercados, el costo de la tierra representa entre 30% y 50% del valor total de un proyecto inmobiliario.
Crecimiento demográfico y la concentración económica
Otro factor clave es la concentración de la actividad económica. Las principales ciudades siguen atrayendo población debido a las oportunidades laborales, educativas y de servicios. Aunque el crecimiento poblacional nacional se ha desacelerado, la migración interna hacia los polos urbanos continúa generando presión sobre la demanda inmobiliaria.
La verticalización permite alojar a más personas en una menor superficie de suelo, acercándolas a los centros de trabajo y reduciendo los tiempos de traslado.
Ventajas de la densificación
Desde una perspectiva urbana, construir hacia arriba también resulta más eficiente.
La densificación facilita el aprovechamiento de infraestructura existente como redes hidráulicas, drenaje, transporte público, electricidad y telecomunicaciones. Además, favorece modelos de ciudad más compactos y sostenibles.
En zonas con acceso a sistemas de transporte masivo, los desarrollos verticales contribuyen a disminuir la dependencia del automóvil y promueven esquemas de movilidad más eficientes.
La discusión ya no es si las ciudades mexicanas deben crecer hacia arriba, sino cómo hacerlo. El verdadero reto será equilibrar densidad, accesibilidad, infraestructura y calidad de vida para evitar que la solución a la escasez de suelo termine generando nuevos problemas urbanos.

