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Un análisis de KPMG México advierte que las empresas ya no compiten únicamente por adoptar inteligencia artificial más rápido, sino por implementarla con gobernanza, seguridad y controles que generen confianza y resultados sostenibles.

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La velocidad con la que las empresas incorporan inteligencia artificial (IA) dejó de ser el principal indicador de competitividad. Hoy, el verdadero reto consiste en desarrollar esta tecnología de manera responsable, segura y con mecanismos de gobernanza que generen confianza entre clientes, inversionistas y colaboradores, de acuerdo con un análisis de especialistas de KPMG México.

En el artículo de opinión "En la era de la IA, la confianza es el activo más valioso", Gustavo Gómez, Socio Líder de Inteligencia Artificial; Félix Moreno, Director de Digital Lighthouse, y Diego Bojórquez, Director de Innovación de KPMG México, sostienen que la inteligencia artificial ha cambiado la forma en que las organizaciones enfrentan los procesos de transformación digital.

 

Los especialistas explican que anteriormente la competencia se centraba en innovar antes que los demás o acelerar la digitalización de procesos. Sin embargo, el escenario actual exige que la implementación de la IA esté respaldada por reglas claras, controles efectivos y una estrategia de largo plazo que reduzca riesgos y fortalezca la toma de decisiones.

 

La transformación empresarial ya es una realidad

El documento cita el estudio Transforming the Enterprise 2026, elaborado por KPMG International, el cual recopiló la opinión de más de 1,700 líderes responsables de procesos de transformación en 20 países.

Los resultados muestran que las organizaciones desarrollan, en promedio, 3.5 iniciativas de transformación de manera simultánea, mientras que únicamente 1% asegura no estar realizando ningún proyecto de este tipo. No obstante, apenas 14% considera que su desempeño está entre los mejores de su industria.

Este panorama evidencia que la transformación digital ya forma parte de la estrategia empresarial, aunque pocas compañías logran convertir esas iniciativas en ventajas competitivas sostenibles.

La gobernanza debe evolucionar al mismo ritmo que la tecnología

Señala el análisis que conforme la inteligencia artificial adquiere mayor participación en decisiones operativas, financieras, comerciales y de gestión de riesgos, los modelos tradicionales de supervisión dejan de ser suficientes.

 

Los autores advierten que depender únicamente de revisiones periódicas o controles posteriores puede limitar la capacidad de las organizaciones para detectar riesgos oportunamente.

 

Cuando la gobernanza no avanza al mismo ritmo que la tecnología, explican, disminuye la visibilidad sobre los procesos, aumenta la complejidad para asignar responsabilidades y los riesgos pueden crecer con mayor rapidez.

La IA aún no genera todo su potencial

Aunque la adopción de inteligencia artificial continúa expandiéndose, el estudio indica que muchas organizaciones todavía no logran traducir esa inversión en mejores resultados de negocio.

 

 

Más de la mitad de las empresas utiliza IA en actividades como análisis de clientes, eficiencia operativa y apoyo a decisiones estratégicas. Sin embargo, solo una parte de ellas ha conseguido integrar completamente estas capacidades dentro de sus procesos operativos.

Los especialistas atribuyen esta brecha a la ausencia de elementos fundamentales como información confiable, plataformas tecnológicas integradas, controles bien definidos y una distribución clara de responsabilidades.

La confianza también debe medirse

 

El estudio revela que 44% de las organizaciones considera la confianza en la inteligencia artificial como un diferenciador estratégico incorporado en sus procesos de gobernanza y toma de decisiones.

 

Además, 16% afirma que representa una ventaja competitiva capaz de fortalecer la lealtad de los clientes y mejorar su posición en el mercado.

No obstante, únicamente 28% mide el impacto operativo o financiero derivado de contar con sistemas de IA confiables.

Para los especialistas de KPMG México, esta diferencia demuestra que muchas empresas todavía deben desarrollar indicadores que permitan evaluar la confianza con el mismo nivel de rigor que utilizan para medir ingresos, productividad, costos o experiencia del cliente.

Innovar con responsabilidad

 

El documento concluye que la confianza no debe interpretarse como un obstáculo para la innovación, sino como el elemento que permite escalar proyectos de inteligencia artificial con mayor seguridad y mejores resultados.

 

Los autores recomiendan que, antes de acelerar la adopción de esta tecnología, las organizaciones revisen si cuentan con bases sólidas para confiar en la calidad de sus datos, sus controles internos, sus modelos operativos y los mecanismos de supervisión.

De acuerdo con Gustavo Gómez, Félix Moreno y Diego Bojórquez, las empresas que integren desde el inicio principios de gobernanza, seguridad y gestión de riesgos estarán en mejores condiciones para convertir la inteligencia artificial en una ventaja competitiva sostenible, en un entorno donde la confianza se perfila como uno de los activos más valiosos para el crecimiento empresarial.