El sector enfrentó un ambiente retador, influido por factores económicos internos y externos, así como por la conclusión de proyectos emblemáticos que habían impulsado su crecimiento en años previos.
A lo largo del año, la industria mostró señales de debilidad estructural, con contracciones en la producción y la actividad de obras, especialmente en la obra pública y la ingeniería civil.
Y de acuerdo con análisis sectoriales, el Producto Interno Bruto (PIB) del sector se mantuvo en terreno negativo para 2025, con estimaciones de contracción en torno a -1.5%, pese a esfuerzos y señales de recuperación en algunos subsectores. Esta tendencia negativa fue más pronunciada en regiones donde la obra pública perdió impulso y no fue compensada por el crecimiento de la construcción privada.
Un punto de atención en el mercado fue la contracción mensual y anual de la industria, que evidenció la fragilidad de la inversión en obra pública y la cautela de los desarrolladores ante un entorno económico más incierto. La menor inversión pública también repercutió en el ritmo de licitaciones y ejecución de proyectos, lo que limitó el flujo de nuevas obras durante buena parte del año.
En conclusión, 2025 fue un año de transición para la construcción en México: con un desempeño marcado por contracciones y retos estructurales, pero también con señales emergentes de adaptación y reconfiguración del sector ante nuevos impulsos de inversión pública y privada y una perspectiva de reactivación hacia 2026.