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La expansión de la logística y el comercio electrónico está impulsando la demanda de espacios industriales, pero también plantea un reto para las empresas: adaptar sus instalaciones a operaciones que pueden cambiar mucho antes de que concluya la vida útil de los inmuebles y de la infraestructura instalada.

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El crecimiento de las actividades logísticas y del comercio electrónico continúa impulsando el mercado inmobiliario industrial de la Ciudad de México y su zona metropolitana. Durante el primer trimestre de 2026 se incorporaron 334 mil 242 metros cuadrados (m²) de nueva oferta, de los cuales 53% ya contaba con un contrato de arrendamiento antes de ingresar al mercado, de acuerdo con cifras de CBRE.

La demanda mostró una elevada concentración en actividades relacionadas con la distribución de mercancías: la logística y el comercio electrónico representaron 94% de la superficie comercializada durante el periodo.

 

Sin embargo, la incorporación de nuevos espacios industriales plantea también desafíos relacionados con su operación a largo plazo. Las instalaciones pueden tener una vida útil de varios años, mientras que las necesidades de las empresas que las ocupan pueden modificarse en periodos mucho más cortos.

 

Cambios en el número y tipo de productos, nuevos canales de comercialización o variaciones en la demanda pueden transformar la manera en que una compañía recibe, almacena y distribuye mercancías, generando nuevas necesidades dentro de una misma instalación.

De acuerdo con PM STEELE, esta dinámica hace necesario considerar desde el inicio la capacidad de adaptación de los sistemas utilizados dentro de los inmuebles industriales.

 

 

“Una instalación puede permanecer durante años, pero el negocio que opera dentro de ella no necesariamente permanece igual. Cuando cambia la forma de operar, también cambia lo que se necesita del almacenamiento. Esa posibilidad tiene que considerarse desde el inicio”, señaló Manuel Farías, subdirector de Sistemas de Almacenamiento de la compañía.

También las necesidades varían de acuerdo con el tipo de operación. Mientras una empresa que requiere acceso directo a diferentes productos puede recurrir a racks selectivos, aquellas con un mayor movimiento de mercancías pueden utilizar sistemas dinámicos.

 

La posibilidad de modificar la configuración del almacenamiento puede evitar que los cambios en la operación obliguen a sustituir anticipadamente infraestructura o realizar nuevas obras. En algunos casos, las nuevas necesidades pueden atenderse mediante ajustes en la distribución de los productos o en los propios sistemas de almacenamiento.

 

Esto adquiere relevancia ante el costo que representa realizar adecuaciones, reemplazos o nuevas inversiones en instalaciones que todavía cuentan con años de vida útil.

Y en un mercado industrial impulsado por el crecimiento de la logística y el comercio electrónico, la capacidad de adaptación de los espacios se convierte así en un elemento a considerar desde la planeación de las instalaciones, particularmente ante operaciones que pueden transformarse con mayor rapidez que la infraestructura que las soporta.